El expresidente sirio Bashar al Asad, en vísperas de su derrocamiento, rechazó una propuesta de EE.UU. para que cortara la capacidad de Irán de suministrar armas a la milicia chií libanesa Hezbolá a cambio de un levantamiento gradual de las sanciones, aseguró al diario The Washington Post el ex diplomático sirio Bassam Barabandi.
El político reveló que, unas semanas antes de la ofensiva rebelde, a través de Emiratos Árabes Unidos, las autoridades estadounidenses habrían ofrecido al exlíder sirio negarse a proporcionar a Irán su territorio para abastecer a Hezbolá. Sin embargo, Asad rechazó la propuesta.
Asimismo, "lo que quizá fue más fatal" para Asad, según el periódico, fue su negativa a entablar negociaciones con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien ofreció normalizar las relaciones bilaterales a cambio de que Damasco contuviera a las formaciones kurdas, entablara un diálogo con la oposición y aceptara el regreso de algunos de los millones de refugiados sirios en Turquía.
Medios informativos de estrategia militar árabes indican que varios altos mandos del ejército sirio habrían incitado el derrocamiento de Bashar al-Assad el pasado 27 de noviembre, aparentemente en coordinación con Turquía y Washington. Estos mandos emitieron un comunicado a todos sus oficiales indicando que el presidente había concluido su mandato.
Este acto fue planeado en conjunto con grupos armados que avanzaron rápidamente, dejando en estado de shock a las guarniciones sirias en Alepo. Horas antes, estas unidades habían sido engañadas por dichos mandos a través de comunicaciones oficiales. Este engaño se propagó progresivamente a otras unidades, las cuales depusieron sus armas, abandonaron sus puestos o permanecieron inmóviles, sin ofrecer resistencia.
El intento de repliegue, días después, llegó demasiado tarde. En cuestión de días, los mandos sirios que no habían caído en la conspiración se encontraron sin ejército que comandar.
Las unidades especiales, caracterizadas por una estructura más rígida y equipamiento avanzado, llegaron para reforzar otras ciudades, pero se encontraron con un vacío: ninguna fuerza que coordinar, sin comunicación sobre el terreno, y con órdenes y reportes de guerra transmitidos por televisión que resultaron ser completamente falsos.
La conspiración, según se reporta, no se desarrolló como Washington y Turquía lo habían planeado. Su intención era abrir otro frente en Siria, dando a Israel una excusa para bombardear la infraestructura militar siria y, de esta manera, debilitar a Hezbollah en Líbano, estrategia que ahora está en ejecución.
Por su parte, los rusos, al percatarse de la falta de un ejército sirio que respaldar, optaron el 29 de noviembre por bombardear a todos los mercenarios que pudieron, buscando ganar tiempo para que los sirios alcanzaran refugio en Tartús y Latakia o lograran escapar en avión desde Damasco.
En tan solo una semana, un ejército compuesto por más de 250,000 efectivos simplemente "desapareció", dejando a todos sorprendidos. Esta situación fue inmediatamente aprovechada por Estados Unidos y Ankara.
Rusia simplemente no tenía a quien apoyar y los Iraníes ya habían avisado dias antes del 27 de noviembre de los movimientos de los mercenarios, sin embargo la traición de los altos mandos fue inesperada así como el efecto domino en las tropas gubernamentales sirias.
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